Ante la prohibición del empleo de CFCs establecida en el Protocolo de Montreal -utilizados mayoritariamente para la fabricación de espumas aislantes-, la industria química introdujo los HCFCs y HFCs como sustitutivos. Sin embargo, los primeros, también han sido prohibidos por el Protocolo de Montreal dado su efecto perjudicial para la capa de ozono. Y los segundos han sido restringidos dado su efecto sobre el calentamiento global. La relevancia de dichos gases se incrementa si se considera que en 1998 el consumo de HFCs en Europa para espumas de poliuretano fue de 5800 toneladas frente a las 51000 toneladas que se estiman en el 2012. Es preciso promover materiales o teconologías alternativas o el uso de productos tradicionales como la lana de roca y vidrio, que sin efectos negativos lideran el mercado mundial.